Los deportes aeróbicos, aquellos que implican acelerar el ritmo cardiaco y elevar el consumo de oxígeno, son los más adecuados para mantener el colesterol a raya, porque consiguen, por un lado, hacer que descienda el que resulta perjudicial (LDL) y, por otro, mantener o incluso elevar el “bueno” (HLD), imprescindible para el desarrollo de algunas de nuestras funciones vitales.
Caminar a paso ligero o incluso correr a trote si te gusta el running, pedalear en la bicicleta a ritmo moderado, nadar o jugar un partido de pádel son algunas actividades perfectas para luchar contra el colesterol alto mientras mejoras tu forma física general.

Una rutina aeróbica de intensidad baja en el gimnasio puede ser también una excelente alternativa. En este caso, lo recomendable es hacer ejercicios multi-articulares, aquellos que implican a los grandes grupos musculares sin forzarlos, por ejemplo: sentadillas, apertura de pecho, elevación de brazos y piernas, flexión de tronco… El objetivo de estos ejercicios y actividades deportivas es movilizar todo el cuerpo, quemando calorías y grasas al tiempo que consigues una mejora general del sistema circulatorio.

Lo ideal es desarrollar la actividad física que prefieras siempre a un ritmo bajo – moderado, sin que tu frecuencia cardiaca supere el 50% o el 60% de su capacidad total.
Por supuesto, la intensidad del ejercicio dependerá de tus características y de tu forma física, pero, en cualquier caso, para que este sea efectivo, la regularidad es importante. Practicar algún deporte de los señalados 3 o 4 veces por semana y por un tiempo mínimo de 30 minutos, contribuirá a que tu colesterol esté bajo control.